La Pasión de Don Quijote

La pasión está solamente presente cuando un Plan B está ausente. Don Quijote demuestra lo que es ser verdaderamente apasionado por su dedicación aún en la cara de derrota; lo que él cree que es vida y muerte. En cada aventuran que él se embarca, es infructuoso, o peor, es atacado. A pesar de esto, Don Quijote nunca abandona su tarea y no es desalentado. Por ejemplo, en la tercera parte, cuando Don Quijote está convencido que dos ejércitos van a embestirse, él decidir a defenderlos sin vacilación y dice  “¡Favorecer a los menesterosos!”(Andrade 88). Aunque él solamente imaginaba la amenaza de los ejércitos, fue apasionado por su deber de proteger las vidas de los menesterosos. En este episodio, Don Quijote no prepara para el fracaso, ni piensa salvar a sí mismo antes de los menesterosos. En su mente, hay solamente una opción; salvar el día. Además, él mantiene esta calidad cuando cree que una pandilla que está tomando una mujer en contra de su voluntad. Don Quijote responde inmediatamente, “¡Yo nací para deshacer agravios, y no consentiré que den un paso adelante sin que se le dé la deseada libertad que merece!”(Andrade 158). Desde el principio hasta el final, Don Quijote tiene la misma pasión y enfoque por la cual todos se esfuerzan en la vida La pasión es la unión de esfuerzo y concentración. Si la pasión fuera tangible, sería un camino con sólo un destino. La visión en la mente de Don Quijote, es tan fuerte y cierto que es como si haya una ruta física.

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